Arrebatado por el ingreso de mi primera nómina, me lancé al centro. Había quedado para comer con Jorge, mi pequeña Amália, pero antes me dio por acercarme al pixmanía. Llevo unos 6 meses sin mp3 y recorrerme Madrid caminando sin música, aunque al principio me costó, se había transformado en una experiencia totalmente nueva y reveladora, fue para mí como descubrir la dimensión auditiva de la ciudad. No la había recorrido tan de cerca nunca y terminé renegando de los "zombis de auriculares blancos", que es como llamaba un profe de sociología a los chavalillos del ipod. Pero bueno, tenía dinero y ganas de un zen mozaic, y tengo que admitir que a veces se echa mucho de menos (pienso en los viajes en búho o a pie totalmente borracho de vuelta a mis tetuanes). En fin, que me pillé uno de 8 gigas -70 y pocos leuris, cojonudo-, pero los cabrones me hacen esperar al viernes para tenerlo en mis hermosas y burguesas manos.
Luego me tiré a por el cuscús de Jorge con un apetito curioso en mí para la hora que era, las 3 y poco -soy de comer de 5 en adelante-, y tras una visita a Factory a por un par de piercings nuevos que me he pillado -ya pondré fotos cuando descubra cómo, soy un lego en esto y tampoco le presto demasiada atención- nos fuimos a ver las fotos pintadas de GERHARD RICHTER en la Fundación Telefónica, expo que no puedo dejar de recomendar. A mí me ha parecido arrebatadora y dentro de un rato, cuando esté más fumao, redactaré una entrada sobre ella, porque me ha parecido verdaderamente evocadora y hermosa. Tengo un día de adjetivos de publicista haciendo un anuncio de café o alguna mierda así, pero es que estoy feliz. Trabajar cansa -en mi caso no mucho, la verdad-, pero no trabajar te da un subidón que ni el mejor espinete bilbaíno. Debería haber descubierto el mundo proletario antes. Quiero decir, como parte de él, no sólo como degustador de las delicias cárnicas que nos ofrece.
La tarde terminó con unas cañitas en un garito moderno y verde completamente vacío, regentado por un marica vejete un tanto rancio que no hablaba español. El garito guai, y más barato de lo que esperaba. Debería dejar de desconfiar de las cosas bellas. Al llegar a casa, decidí cambiar mi viaje de este fin de semana a cádiz para un fin de semana que esté más rumbero y menos moñitas. Finalmente me voy a Coruña a ver a mi mamá, a ver mi playa y a comer como una cerda. Eso que me ahorro. Y una última buena noticia, a lo mejor Berjer se viene conmigo, sería fantástico porque además de hacerme más ameno el trayecto demoledor en el Alsa -nunca será suficientemente maldito su nombre-, me hará algo de compañía, porque no creo que para cuatro días vaya a ver a nadie por allí. Bueno, a María seguro que sí, si se digna a dejarse ver.
Y otra última cosa buena (creo): ya tengo móvil otra vez. Este modelo lo he tenido al menos dos veces. A ver por cuanto tiempo se queda conmigo. Que me dure más que los novios, por favor. En un rato vuelvo para contaros lo de la expo. Preciosa, en serio.
8.7.09
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario