Un título pedante para una historia muchísimo más frívola que mi arranque de academicismo de ayer, que en el fondo no era sino una justificación de este ejercicio de egolatría. Intenté disimularlo y me salió más bien mal, pero hoy me tiro a la piscina del autobombo sin ambages.
Hablemos de maricas y bolleras, concejalas de medio ambiente y masas aglomeradas, sudorosas y sin camiseta (pero con gallumbos Calvin Klein). Hablemos del orgullo 2009. Un orgullo especial para mí, dado que es, que yo recuerde, el primero en mi cada vez más dilatada historia vital en el que además de mariconear, beber como gallego que soy y drogarme (bueno, este año poco), me veía en la obligación de compaginar estas actitudes hepáticamente destructivas con algo ligeramente parecido a una vida laboral. Porque sí, señores y señoras, porque soy una pija de espíritu y currar, lo que se dice currar, más bien poco. Temo que si algún día necesite acudir a alguna oficina de la seguridad social a pedir mi vida laboral me entreguen un folio cuya blanca pureza de cloro solo se vea herida por el membrete institucional. Y volviendo al meollo del repollo, a ver si soy capaz de seguir un hilo cronológico más o menos claro (mi orientación espacial es asombrosa, pero temporalmente me pierdo entre desayuno y comida).
Cinco días cinco, de miércoles a domingo y no sigo rimando porque ya sé por dónde me vais a salir (o entrar, que casi lo prefiero). Hay que empezar señalando que este año el programa presentado por Cogam (tarde, mal y arrastro, por cierto) no ofrecía ninguna actuación especialmente atractiva, al menos para mí. Y al decir esto miento, porque el jueves a las 9 y 20 una de mis más queridas niñas de barriada, La Húngara actuaba en el escenario de Chueca. Y no la vi, ya estaba muy tibio yo para entrar al mogollón. Así soy, me quejo pero no aprovecho lo que se me brinda. Voy entendiendo por qué mi madre siempre me llamaba descastado. Aparte de eso, que me apetecía realmente, cosillas más previsibles y ya vistas, pero divertidas: Digital 21, que siempre hace unos dj set entretenidos y originales; Chicos Malos (el mexica me pone burrete), que pinchan tópicos pero hacen unas coreografías muy chachis siempre -recuperemos ese adjetivo ya!!!- y Roberta Marrero, que ha comido mucho pavo últimamente pero que siempre sorprende (sin embargo, en la plaza de la luna se marcó una sesión más bien tediosa a pesar del poco tiempo que se le dio, lastrada además por deficiencias técnicas que fueron la norma en ese escenario). Esto por el lado más "artísitico" de la fiesta. Ahora, voy a hablar de mí, porque yo lo valgo.
Unos secretas me robaron UN PUTO PORRO. Pero uno. Después de llegarme una preciosa notificación de la delegación del gobierno de 450 pavazos que me van a robar por lo mismo, me pasa esto. Y encima estaba (y estoy) indocumentado, con lo cual me vi metido en un sainete de los hermanos Quintero. Reproduzco una parte del diálogo entre uno de los agentes que velan por nuestra seguridad y la de las arcas públicas y mi amigo Opi.
-¿Avala usted la identidad de este caballero? ¿Asegura que es el Marcos que dice que es?
-Pues... supongo que sí, ¿no?
Odio que me llamen caballero, desprecio a los agentes de seguridad y lo más terrible de todo esto es que irónicamente me habría encantado que me llevase a la lechera y me partiese el culo. Cosas que pasan.
También hubo momentos buenos (alguño teñido de melodrama, pero es mi sino), básicamente un par de reencuentros inesperados y muy agradables. En plena euforia vázquez de mella style me encontré a Albita, a quien no había visto prácticamente desde que volvió de París y que está francamente guapísima. Parece una señorita de los pies a la cabeza. Cuando la vea con más calma le preguntaré cuál es el truco. Con ella estaba mi querido Tomás, que no pasa por un momento especialmente bueno (creo que lo de Tomás es crónico) pero que aún así lo disimula estupendamente. Es y seguirá siendo el puto rey de cualquier fiesta, aunque al día siguiente no lo recuerde. Un encuentro programado pero no por ello menos deseado fue el que se dio con Bea. Abandonados los States, se la vio disfrutar con alegría de lo mejor de esta España mía, esta España nuestra, que son las fiestas por la calle. Ahí estuvo el melodrama, mi lengua montaraz hiriendo a quién menos debía hacerlo (perdón otra vez, N). Pero las aguas volvieron a su cauce. Y seguirán arañando la roca y aumentando el cauce. Y algún día nos quedaremos sin agua, pero yo ya estaré muerto. Que se busquen la vida las generaciones venideras, yo intento que mi huella ecológica sea pequeña.
Lo más comentado por todos fue la posibilidad de que el año que viene esta fiesta, la gran fiesta popular de la Villa y Corte (eso es indiscutible), fuese trasladada, y por ende desnaturalizada, fuera de su entorno natural, el que le es propio, el que la vio nacer, la alienta y casi la justifica. Ana, por favor, vuelve al agujero del que tu marido te sacó. Bueno, la sangre no llegará al río, se dice desde Cogam, y parece que la propuesta ha sido desechada antes casi de haberse materializado como tal. Pero me fio tan poco de Cogam como de Nuestra Señora del medio ambiente. Probablemente son novios, probablemente se divierten. Pero más nos divertimso nosotros, y ninguna propuesta descabellada ni ningún secreta pivonazo pueden siquiera intentar borarme esta sonrisa irónica de marica hijo de puta que se me queda después de cada Orgullo.
En resumen, cinco días cinco, litros de ginebra (una última queja, ¿por qué Larios? No me cansaré de gritar GORDONS, GORDONS, GORDONS. Las ancianas ludópatas siempre tienen razón), y litros de sudor, un móvil menos (y van unos 50), dos días de curro con una resaca muchísimo más moderada de lo que debería haber sido, muchas horas riéndome de los cuadros de comedor que andaban deambulando por allí, mucho niño guapo y nada de sexo. Esto último se está transformando en una norma. ¿Alguien sabe cómo conjurar el influjo maldito de la semana del orgullo en la vida sexual de un marica yonki ilustrado? Me lo cuente...
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¿Si el influjo maldito ese procede de una simple verbena de barriada se puede conjurar igual con la vida sexual de una nearly treintañera pueblerina? Me temo que no. Te quiero, Marcos, el verano ya no es lo que era. Eva.
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