10.7.09

finalmente, Richter

Bueno, me he retrasado un poco con la entrada de la expo de Richter, pero el miércoles terminé demasiado crujido para ponerme a escribir nada y ayer, con lo del viaje improvisado a Coruña, estuve todo el día arreglando cosillas de última hora. Vamos, que soy un poco perezosa y tonta, pero aquí estoy de nuevo en mi túnel con muchísimo tiempo libre, así que me pongo a ello.

Siempre es delicioso ir a ver exposiciones a la Fundación Telefónica, y no precisamente por su loable capacidad logística y organizativa (ya hablaremos de ello), sino por el edificio en sí mismo, una obra preciosa de finales de los años 20. Fue primer rascacielos de Madrid y el primero construido en toda Europa (alguna vez fuimos vanguardia, y no hablo de las cruzadas) y se mantuvo como el edificio más alto de la capital hasta la construcción del Edificio España en la plaza de España, creo que mediados los 50. Personalmente, lo que me la pone tiesa de verdad son sus ascensores, con esos dorados y decoraciones tan demodee (y por tanto, tan actuales en esta epoca de perpetuo revival), y las gigantescas y aparentemente carísimas arañas que adornan los vestíbulos. Imagino la cara de cualquier español de posguerra arrebatado por esos delirios corporativos en años de grandes carestías y aún más grandes dramas personales. La miseria. Y ejecutivos poderosos y llenos de orgullo, con sus sombreros y gabardinas, leyendo el ABC del día mientras los operarios les conducen hacia sus despachos. La soberbia. Las dos Españas. Déjalo, Marcos, que te pierdes...

Llevaba deseando ir a visitar esta antología de fotos pintadas desde que, una tarde de curro tonta más, me puse a ojear el catalogo virtual de Photoespaña (bastante mal organizado, por cierto). Desde el primer momento me llamó poderosamente la atención. Cierto que ya conocía la obra pictórica del de Dresde -y quién no siente fascinación al recordar sus abstractos, con esa técnica complejísima y que aún resulta un misterio para todos. ¿Cómo con un trabajo de la materia pictórica tan denso, fuerte y saturado, puede conseguir unos acabados tan limpios, planos? Una pureza que roza lo sublime. Que parece hecho con una impresora y no pintado, cojones-, pero las escasas muestras colgadas en la web oficial me revelaban que sus trabajos en técnica mixta iban a ser un auténtico delirio, una preciosidad absoulta. Además, la conjunción fotografía pintura me fascina desde hace bastante tiempo. Pues bien, ardía en deseos de ver a Richter -y a Pedro Costa también, a la vuelta de mi mini escapada al Atlántico ya os contaré lo que me pareció- y le ofrecí a Jorge acompañarme porque suponía que a él, siendo del ramo de los pintores de brochita finita finita, le molaría el alemán. En efecto, parece que en Portugal es bastante más conocido que por estos lares. La cultura de los lusos siempre hace que me sonroje.

En un principio, comencé la visita un poco decepcionado. Esperaba grandes formatos y la práctica totalidad de lo que se muestra aquí son fotografías de un tamaño estándar, como las que todos tenemos de cumpleaños familiares y visitas a la playa y todas esas mierdas que recogen nuestros más oscuros demonios familiares agarrándolos por la cola de su luz. Pero, superada la barrera del formato muy rápidamente, comienzas a apreciar la dificultad de un trabajo tan sutil y lleno de matices -me refiero al trabajo material con la pintura- en un espacio tan reducido. Casi un esfuerzo de minituarista medieval pintando delirios de dragones y sueños de ninfas pasados por un tamiz ácido. Yo, que con las manos no sé hacer casi nada aprovechable -algún ex dirá lo contrario llevado por un arranque de melancolía, pero no es cierto-, siento una envidia totalmente insana y que me instala en la idea del asesinato de estos hijos de puta superdotados físicos a los que llamamos artistas.

La exposición es bastante amplia, puesto que recoge obras desde que comenzó a trabajar este soporte hasta la actualidad, unos 20 años de experimentación constante, y a veces te embarga la sensación de tedio ante la repetición de ideas y elementos. El caso es que creo que estas fotografías pintadas son un jueguecillo doméstico del autor (o al menos empezaron siéndolo), en el que vio la posibilidad de experimentar nuevas formas de expresión al mismo tiempo en que buceaba en sus recuerdos familiares. En ese sentido, pienso que aúna dos mundos -la dualidad es un eje vertebrador de todo el conjunto, ya veréis- a priori antagónicos en el arte contemporáneo: la esfera emocional y la de la ideas. Los sentimientos y el pensamiento más puro.

Partiendo de viejas fotografías familiares, Richter establece un diálogo entre dos esferas de la creación que tienden a darse la espalda. Aplica lacas, tintes y óleos con una maestría técnica inigualable sobre estos fragmentos de su historia cotidiana y los lleva a un nuevo lugar significante, donde se diluyen los límites entre realidad (fotográfica) y ficción (pictórica), transformando los significados evidentes -nunca mejor dicho- de la fotografía en los límites de un universo onírico y mental generado por las manchas abstractas. La idea de límite, de hecho, se constituye en uno de los ejes fundamentales, a mi entender, del contenido que Richter pretende transmitir. El mundo no es sino una convención, una máscara de normalidad que encubre muchos otros mundos posibles, los mundos del delirio, de la ficción y de la creación. Así, en muchas de las obras se generan paisajes oníricos con el sistema siguiente: sobre un fondo real (hermosas montañas centroeuropeas, playas mediterráneas, bosques brumosos,...), la intervención creativa salpica, mancha, cubre ,a veces parcialmente y a veces casi por completo, el referente real y del encuentro de estos dos mundos surge una pléyade de ideas renovadoras. Es un cuento infantil, con dragones y princesas atrapadas en altísimos torreones, malvadas brujas y monstruos cariñosos, que aparece en mitad del mundo más prosaico y real.

Personalmente, los trabajos que más me agradaron los englobé en dos géneros, el paisaje anteriormente descrito y el retrato, donde las manchas cubren los rostros, deforman los recuerdos, devoran la memoria real para llevarla a un nuevo espacio donde la fantasía configura una nueva organización del mundo. Por otra parte, en muchas ocasiones no dejaron de venir a mi mente algunos referentes de la historia del arte -ay, maldita memoria, deja de mediatizar-. Los paisajes me recordaban muy a menudo obras impresionistas, sobre todo en fotografías pintadas de la primera década, donde el color era más comedido y se buscaba una cierta integración entre la gama cromática de la foto y la paleta de pintura empleada por el artista. Algunas obras, sin embargo, generaban complejas antítesis significantes, y el universo onírico que surgía de ellas me traía a la mente al siempre añorado Magritte. Pero eso ya son películas mías.

A pesar de la iluminación pésima y deficiente, el (des)orden cronológico del itinerario y la falta de cualquier tipo de folleto informativo (excepción hecha del catálogo, 45 leuris), salí más que satisfecho. Total y absolutamente recomendable.

Y perdón si estoy un pcoo caótico hoy, acabo de pillarme mi mp3 nuevo y no sé muy bien cómo hacerlo funcionar del todo bien... Qué penita me da ser un inmigrante tecnológico.

8.7.09

un gran dia, holgazan y consumista

Arrebatado por el ingreso de mi primera nómina, me lancé al centro. Había quedado para comer con Jorge, mi pequeña Amália, pero antes me dio por acercarme al pixmanía. Llevo unos 6 meses sin mp3 y recorrerme Madrid caminando sin música, aunque al principio me costó, se había transformado en una experiencia totalmente nueva y reveladora, fue para mí como descubrir la dimensión auditiva de la ciudad. No la había recorrido tan de cerca nunca y terminé renegando de los "zombis de auriculares blancos", que es como llamaba un profe de sociología a los chavalillos del ipod. Pero bueno, tenía dinero y ganas de un zen mozaic, y tengo que admitir que a veces se echa mucho de menos (pienso en los viajes en búho o a pie totalmente borracho de vuelta a mis tetuanes). En fin, que me pillé uno de 8 gigas -70 y pocos leuris, cojonudo-, pero los cabrones me hacen esperar al viernes para tenerlo en mis hermosas y burguesas manos.

Luego me tiré a por el cuscús de Jorge con un apetito curioso en mí para la hora que era, las 3 y poco -soy de comer de 5 en adelante-, y tras una visita a Factory a por un par de piercings nuevos que me he pillado -ya pondré fotos cuando descubra cómo, soy un lego en esto y tampoco le presto demasiada atención- nos fuimos a ver las fotos pintadas de GERHARD RICHTER en la Fundación Telefónica, expo que no puedo dejar de recomendar. A mí me ha parecido arrebatadora y dentro de un rato, cuando esté más fumao, redactaré una entrada sobre ella, porque me ha parecido verdaderamente evocadora y hermosa. Tengo un día de adjetivos de publicista haciendo un anuncio de café o alguna mierda así, pero es que estoy feliz. Trabajar cansa -en mi caso no mucho, la verdad-, pero no trabajar te da un subidón que ni el mejor espinete bilbaíno. Debería haber descubierto el mundo proletario antes. Quiero decir, como parte de él, no sólo como degustador de las delicias cárnicas que nos ofrece.

La tarde terminó con unas cañitas en un garito moderno y verde completamente vacío, regentado por un marica vejete un tanto rancio que no hablaba español. El garito guai, y más barato de lo que esperaba. Debería dejar de desconfiar de las cosas bellas. Al llegar a casa, decidí cambiar mi viaje de este fin de semana a cádiz para un fin de semana que esté más rumbero y menos moñitas. Finalmente me voy a Coruña a ver a mi mamá, a ver mi playa y a comer como una cerda. Eso que me ahorro. Y una última buena noticia, a lo mejor Berjer se viene conmigo, sería fantástico porque además de hacerme más ameno el trayecto demoledor en el Alsa -nunca será suficientemente maldito su nombre-, me hará algo de compañía, porque no creo que para cuatro días vaya a ver a nadie por allí. Bueno, a María seguro que sí, si se digna a dejarse ver.

Y otra última cosa buena (creo): ya tengo móvil otra vez. Este modelo lo he tenido al menos dos veces. A ver por cuanto tiempo se queda conmigo. Que me dure más que los novios, por favor. En un rato vuelvo para contaros lo de la expo. Preciosa, en serio.

7.7.09

la memoria es una espada cuya empuñadura también hiere

Un título pedante para una historia muchísimo más frívola que mi arranque de academicismo de ayer, que en el fondo no era sino una justificación de este ejercicio de egolatría. Intenté disimularlo y me salió más bien mal, pero hoy me tiro a la piscina del autobombo sin ambages.

Hablemos de maricas y bolleras, concejalas de medio ambiente y masas aglomeradas, sudorosas y sin camiseta (pero con gallumbos Calvin Klein). Hablemos del orgullo 2009. Un orgullo especial para mí, dado que es, que yo recuerde, el primero en mi cada vez más dilatada historia vital en el que además de mariconear, beber como gallego que soy y drogarme (bueno, este año poco), me veía en la obligación de compaginar estas actitudes hepáticamente destructivas con algo ligeramente parecido a una vida laboral. Porque sí, señores y señoras, porque soy una pija de espíritu y currar, lo que se dice currar, más bien poco. Temo que si algún día necesite acudir a alguna oficina de la seguridad social a pedir mi vida laboral me entreguen un folio cuya blanca pureza de cloro solo se vea herida por el membrete institucional. Y volviendo al meollo del repollo, a ver si soy capaz de seguir un hilo cronológico más o menos claro (mi orientación espacial es asombrosa, pero temporalmente me pierdo entre desayuno y comida).

Cinco días cinco, de miércoles a domingo y no sigo rimando porque ya sé por dónde me vais a salir (o entrar, que casi lo prefiero). Hay que empezar señalando que este año el programa presentado por Cogam (tarde, mal y arrastro, por cierto) no ofrecía ninguna actuación especialmente atractiva, al menos para mí. Y al decir esto miento, porque el jueves a las 9 y 20 una de mis más queridas niñas de barriada, La Húngara actuaba en el escenario de Chueca. Y no la vi, ya estaba muy tibio yo para entrar al mogollón. Así soy, me quejo pero no aprovecho lo que se me brinda. Voy entendiendo por qué mi madre siempre me llamaba descastado. Aparte de eso, que me apetecía realmente, cosillas más previsibles y ya vistas, pero divertidas: Digital 21, que siempre hace unos dj set entretenidos y originales; Chicos Malos (el mexica me pone burrete), que pinchan tópicos pero hacen unas coreografías muy chachis siempre -recuperemos ese adjetivo ya!!!- y Roberta Marrero, que ha comido mucho pavo últimamente pero que siempre sorprende (sin embargo, en la plaza de la luna se marcó una sesión más bien tediosa a pesar del poco tiempo que se le dio, lastrada además por deficiencias técnicas que fueron la norma en ese escenario). Esto por el lado más "artísitico" de la fiesta. Ahora, voy a hablar de mí, porque yo lo valgo.

Unos secretas me robaron UN PUTO PORRO. Pero uno. Después de llegarme una preciosa notificación de la delegación del gobierno de 450 pavazos que me van a robar por lo mismo, me pasa esto. Y encima estaba (y estoy) indocumentado, con lo cual me vi metido en un sainete de los hermanos Quintero. Reproduzco una parte del diálogo entre uno de los agentes que velan por nuestra seguridad y la de las arcas públicas y mi amigo Opi.

-¿Avala usted la identidad de este caballero? ¿Asegura que es el Marcos que dice que es?
-Pues... supongo que sí, ¿no?

Odio que me llamen caballero, desprecio a los agentes de seguridad y lo más terrible de todo esto es que irónicamente me habría encantado que me llevase a la lechera y me partiese el culo. Cosas que pasan.

También hubo momentos buenos (alguño teñido de melodrama, pero es mi sino), básicamente un par de reencuentros inesperados y muy agradables. En plena euforia vázquez de mella style me encontré a Albita, a quien no había visto prácticamente desde que volvió de París y que está francamente guapísima. Parece una señorita de los pies a la cabeza. Cuando la vea con más calma le preguntaré cuál es el truco. Con ella estaba mi querido Tomás, que no pasa por un momento especialmente bueno (creo que lo de Tomás es crónico) pero que aún así lo disimula estupendamente. Es y seguirá siendo el puto rey de cualquier fiesta, aunque al día siguiente no lo recuerde. Un encuentro programado pero no por ello menos deseado fue el que se dio con Bea. Abandonados los States, se la vio disfrutar con alegría de lo mejor de esta España mía, esta España nuestra, que son las fiestas por la calle. Ahí estuvo el melodrama, mi lengua montaraz hiriendo a quién menos debía hacerlo (perdón otra vez, N). Pero las aguas volvieron a su cauce. Y seguirán arañando la roca y aumentando el cauce. Y algún día nos quedaremos sin agua, pero yo ya estaré muerto. Que se busquen la vida las generaciones venideras, yo intento que mi huella ecológica sea pequeña.

Lo más comentado por todos fue la posibilidad de que el año que viene esta fiesta, la gran fiesta popular de la Villa y Corte (eso es indiscutible), fuese trasladada, y por ende desnaturalizada, fuera de su entorno natural, el que le es propio, el que la vio nacer, la alienta y casi la justifica. Ana, por favor, vuelve al agujero del que tu marido te sacó. Bueno, la sangre no llegará al río, se dice desde Cogam, y parece que la propuesta ha sido desechada antes casi de haberse materializado como tal. Pero me fio tan poco de Cogam como de Nuestra Señora del medio ambiente. Probablemente son novios, probablemente se divierten. Pero más nos divertimso nosotros, y ninguna propuesta descabellada ni ningún secreta pivonazo pueden siquiera intentar borarme esta sonrisa irónica de marica hijo de puta que se me queda después de cada Orgullo.

En resumen, cinco días cinco, litros de ginebra (una última queja, ¿por qué Larios? No me cansaré de gritar GORDONS, GORDONS, GORDONS. Las ancianas ludópatas siempre tienen razón), y litros de sudor, un móvil menos (y van unos 50), dos días de curro con una resaca muchísimo más moderada de lo que debería haber sido, muchas horas riéndome de los cuadros de comedor que andaban deambulando por allí, mucho niño guapo y nada de sexo. Esto último se está transformando en una norma. ¿Alguien sabe cómo conjurar el influjo maldito de la semana del orgullo en la vida sexual de un marica yonki ilustrado? Me lo cuente...

6.7.09

Siendo dospuntocero

El centro de Internet parecen no ser ya las empresas (y eso lo sabemos desde el año 200o y las crisis de las puntocom; no es por tanto nada nuevo) sino el propio usuario, en este caso yo. Yo, que tan moderna me creía con mi fotolog -muerto el perro, se acabó la rabia-, mi facebook y mis perfiles en lastfm y, más recientemente, en Spotify, he ido descubriendo que hay un marketing de uno mismo que se me escapaba y al que no podía ya dar más la espalda... Lejos de las mercancías y servicios "reales" circulando como un flujo de datos, nada más que una variación cosmética del capitalismo más caduco, la nueva economía de internet se basa en el valor crediticio otorgado al internauta (a todos los internautas) como creadores y consumidores de conocimiento. Y el conocimiento es todo lo que la economía parece ofrecerme, puesto que el dinero no viene a mí ni aunque amenace a Don Emilio Botín con orinarme en sus rosales.

Existe, cómo no, un neologismo anglosajón que captura con acierto esta nueva figura social o intelectual o meramente ornamental, aún está por ver: PROSUMER, contracción de los vocablos producer/consumer y que ya cuenta en la literatura académica nacional con una curiosamente acertada traducción: PROSUMIDOR. Una especie de subjetivización de un usuario que poco se diferenciaba del televidente de la segunda mitad del nunca suficientemente pronto enterrado siglo XX y que ahora se transforma en un espectador activo (y prometo por mi querida Virgen de Guadalupe que en pocos aspectos más del mundo -real o virtual- desempeño un papel activo) o quizá, más bien, en un activo consumidor, no solo en cuanto a sus decisiones como consumidor sino en su papel de productor de objetos -narrativas- consumibles. Aún con temor a que se genere una audiencia internauta lineal, prefiero cubrir con una pátina de optimismo (siempre digital) las proyecciones de futuro respecto de esta nueva red que entre todos y todas estamos construyendo, así que me lanzo a prosumir, con esperanza de quedarme aquí un largo tiempo. Venga, es hora de ser dospuntocero. Ahora o nunca, esa disyuntiva falaz de las peores películas viejas...