El centro de Internet parecen no ser ya las empresas (y eso lo sabemos desde el año 200o y las crisis de las puntocom; no es por tanto nada nuevo) sino el propio usuario, en este caso yo. Yo, que tan moderna me creía con mi fotolog -muerto el perro, se acabó la rabia-, mi facebook y mis perfiles en lastfm y, más recientemente, en Spotify, he ido descubriendo que hay un marketing de uno mismo que se me escapaba y al que no podía ya dar más la espalda... Lejos de las mercancías y servicios "reales" circulando como un flujo de datos, nada más que una variación cosmética del capitalismo más caduco, la nueva economía de internet se basa en el valor crediticio otorgado al internauta (a todos los internautas) como creadores y consumidores de conocimiento. Y el conocimiento es todo lo que la economía parece ofrecerme, puesto que el dinero no viene a mí ni aunque amenace a Don Emilio Botín con orinarme en sus rosales.
Existe, cómo no, un neologismo anglosajón que captura con acierto esta nueva figura social o intelectual o meramente ornamental, aún está por ver: PROSUMER, contracción de los vocablos producer/consumer y que ya cuenta en la literatura académica nacional con una curiosamente acertada traducción: PROSUMIDOR. Una especie de subjetivización de un usuario que poco se diferenciaba del televidente de la segunda mitad del nunca suficientemente pronto enterrado siglo XX y que ahora se transforma en un espectador activo (y prometo por mi querida Virgen de Guadalupe que en pocos aspectos más del mundo -real o virtual- desempeño un papel activo) o quizá, más bien, en un activo consumidor, no solo en cuanto a sus decisiones como consumidor sino en su papel de productor de objetos -narrativas- consumibles. Aún con temor a que se genere una audiencia internauta lineal, prefiero cubrir con una pátina de optimismo (siempre digital) las proyecciones de futuro respecto de esta nueva red que entre todos y todas estamos construyendo, así que me lanzo a prosumir, con esperanza de quedarme aquí un largo tiempo. Venga, es hora de ser dospuntocero. Ahora o nunca, esa disyuntiva falaz de las peores películas viejas...
6.7.09
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